EL REALISMO Y EL NATURALISMO
"Santa" de Federico Gamboa
Santa es reconocida como una de las obras maestras de la narrativa mexicana. La historia y crítica literarias basan esta consideración en el hecho de que el discurso narrativo se revela bien planeado, claramente escrito, con una trama que precede directamente a su desenlace, además de que las descripciones de la naturaleza y de la cultura marginal del burdel, de fuerte y lograda raigambre realista, son de una vitalidad poderosísima, reveladoras de una capacidad de observación minuciosa (Carballo 1991: 82-83; Warner 1953: 106-110). A esto debe añadirse la capacidad del narrador para configurar a los personajes a partir de unos cuantos rasgos sustanciales que los han convertido en verdaderos símbolos literarios dentro del horizonte de expectativas de México y del mexicano, además de contribuir decisivamente en el establecimiento de la ciudad no como un mero escenario, sino como un personaje que interacciona y condiciona dialécticamente las conductas y valoraciones de los personajes y del narrador, respectivamente. Mención aparte merece la perspectiva modernista que subyace a muchas de las descripciones, pues algunas de las imágenes y cuadros que presenta anuncian una sensibilidad impresionista muy lograda.
Santa comienza in media res, con la llegada de la protagonista al innombrado principal burdel de la ciudad; sólo en el transcurso de la novela, mediante el recurso de la retrospección, se conocerán los motivos que la condujeron allí. Se le enfrenta así desde el principio —y, con ella, al lector— a un contradictorio espacio citadino que, conjuntando modernidad, marginación y esperanza, presenta una imagen degradada del hombre y que, al poco tiempo, trocará aSanta de encogida y cerril en cortesana a la moda, a la que todos los masculinos que disponían del importe de la tarifa, anhelaban probar. Más que sensual apetito, parecía un ansia de estrujar, destruir y enfermar esa carne sabrosa y picante que no se rehusaba ni se defendía; carne de extravío y de infamia [...]; carne mansa y obediente, a la que impunemente podía hacerle cada cual lo que mejor le cuadrase. Y aunque entre tantísimo caballero había padres de familia, esposos, gente muy adinerada y muy alta, unos católicos, otros librepensadores, filántropos, funcionarios, autoridades, como la muchacha tenía que perderse a nadie se le ocurrió intentar siquiera su rescate [...] Aquello fue un furioso galopar de personas decentes, respetables, alegres y serias, tras la muchacha recién caída; pero galopar agresivo, idéntico al de los garañones de la dehesas que, encendidos en bestial lascivia, nada los contiene ni nada respetan. Puede decirse que la entera ciudad concupiscente pasó por la alcoba de Santa, sin darle tiempo casi de cambiar de postura. ¡Caída!, ¡caída la codiciaban!, ¡caída soñábanla!, ¡caída brindábales la vedada poma, supremamente deliciosa!... (Gamboa 1982: 75).
Se establece así, desde el principio, uno de los factores de la tesis naturalista que regirá la formalización artística de la obra. En un crescendo semántico muy logrado, la representación individual de los amantes de la cortesana cederá peso a una configuración colectiva y simbólica representada por la ciudad, conformándose de esta manera el ambiente degradado que determinará la decadencia física y moral de Santa: y es que la voluntad de la protagonista y los códigos morales aprendidos en la infancia, en el seno del hogar materno ubicado en una bucólica aldea de pastores, están sujetos a ese medio, a ese personaje simbólico, a ese ambiente colectivo, la ciudad, que se les impone y los anula, conduciéndola por los caminos de la transgresión y la degradación física y moral.
"Santa" en versiòn pdf: http://bivir.uacj.mx/LibrosElectronicosLibres/Autores/FefericoGamboa/Santa.pdf
"Santa" en versión htm:

